Aunque parezca mentira, muchos comunicadores sociales de la Argentina (que no es lo mismo que decir “comunicadores sociales argentinos”) siguen empleando el vocablo “invasión” para aludir a la reconquista de nuestras islas Malvinas el 2 de abril de 1982. Como si fuera posible invadir un territorio propio.
Han pasado 25 años de aquel hecho y las brumas australes parecen seguir encegueciendo a mucha gente. Se sigue hablando de “loca aventura”, de “inoportunidad”, de “impericia”. Eso sí: todos estos calificativos se ahorran prolijamente cuando las guerras las disponen y las llevan a cabo las potencias imperialistas contra los pueblos del mundo sojuzgado.
Pero decimos mal, no son las brumas australes las que ciegan a estos profesionales de la mentira, verdaderos chauvinistas al revés, anglófilos irredentos y obstinados. Son más de un siglo y medio de sujeción a los dictados culturales de la metrópoli británica. No por nada, alguna vez, un vicepresidente argentino pudo decir, sin avergonzarse y sin verse obligado a pedir la renuncia de inmediato, que su país era “una parte integrante del Imperio Británico”. Contra esa abyecta anglofilia padecida aún hoy por muchos argentinos (especialmente los que “bajan línea” desde los medios) se alzaron en última instancia las armas de la patria aquel dos de abril de hace un cuarto de siglo. Este soneto, escrito en aquella época, trata, humildemente, de evocar aquella hazaña.
2 DE ABRIL
Eran las viejas masas de a caballo
estremeciendo el mundo a nuestros pies.
Eran las armas criollas, otra vez,
nublando el entrecejo del cipayo.
Era la patria enarbolando un rayo
(el rayo de su rabia y su altivez).
Era la infamia del feroz inglés.
Y era Abril, y era Octubre y era Mayo.
Eslabones unidos con esmero
entre brumas de olvido centenario
saltaron con sonido cantarino.
¡Oh manes de Obligado y Tonelero!
(Bendígalos la Virgen del Rosario).
...Y Port Stanley fue Puerto Argentino.
Juan Carlos Jara.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados